Comentaba hace un momento con mi amigo Esú el mal cuerpo que se nos pone cuando vemos en la tele o en los periódicos a los "señores de la crisis": Rajoy, Montoro, Guindos... aunque también pueden ser "señoras", como Cospedal, Sáez de Santamaría, Aguirre...
Y existe una "versión internacional" de los mismos personajes, como las señoras Merkel o Lagarde y los señores Sarkozy, Van Rompuy, Durao Barroso, Trichet, Draghi...
Hace algún tiempo tenían otras caras y otros nombres (Zapatero, Fernandez de la Vega, Solbes, Salgado...) pero, unos y otras son las personas y las caras que llevamos viendo en los medios desde hace cuatro años, anunciándonos un presente oscuro y un futuro negro, castigándonos -"por haber vivido por encima de nuestras posibilidades"(¡¿quien?!)- con recortes, subidas de impuestos, pérdidas de derechos, precariedad, miseria, miedo, represión...
Son pájaros de mal agüero, buitres carroñeros que nos imponen sacrificios sin que parezca que a ellos y ellas les afecte en exceso.
De hecho, se las apañan para salir siempre a flote -como la mierda, dice Esú- con jugosos sueldos (véase la Sra Cospedal), indemnizaciones de fábula (véase al Sr. Rato -¡por hundir un banco!) o recolocaciones millonarias (véase a la Sra Salgado o al Sr. Solbes).
Y, en consecuencia, tienen serias dificultades para perder la sonrisa. Así que, cuando aparecen en la tele o en los periódicos riéndose o bromeando entre si, nos preguntamos...pero ¿de qué coño se ríen?
Corre por las redes sociales una propuesta para que quienes se dedican a la política y la gestión pública pasen a cobrar -mientras dure la crisis y hasta que encuentren la solución para ella- el salario mínimo. Es más que probable que -en tiempo record- se pusieran de acuerdo para poner en marcha las respuestas adecuadas y eficaces. Pero es dudoso que vayan a aceptar la propuesta, sobre todo porque -ya digo- no parece que la crisis les vaya tan mal.
Así que se me ha ocurrido otra solución: ¡hacerles desaparecer!
Nos pondríamos de acuerdo toda la ciudadanía, concentrándonos en las plazas públicas y gritando al mismo tiempo la palabra mágica: ¡Abracadabra!
Y a partir de ese momento, los haríamos desaparecer de nuestras vidas para siempre, como si nunca hubieran existido.
Cuando viéramos alguno de sus "fantasmas" aparecer en la televisión, la apagaríamos al instante, y pasaríamos la página del periódico o cambiaríamos de emisora en la radio, si intentaran reaparecer.
No volveríamos a mencionar sus nombres y empezaríamos a vivir sin ellos, sin contar con ellos y ellas, acordando las soluciones para "salir de la crisis" con nuestros propios medios, compartiendo lo que hay, olvidándonos de sus recetas venenosas, construyendo colectivamente alternativas a las formas de vida, producción y consumo que se han demostrado tóxicas, suicidas.
Tal vez esto sea un fantasía, pero...¿no sería fantástico?
Memorias del Futuro Imperfecto
sábado, 19 de mayo de 2012
sábado, 12 de mayo de 2012
Maestro de ternuras
Publicado por
Fernando de la Riva
Tenías un secreto
y nunca lo supimos, o tal vez no quisimos
saberlo, de tan simple: Te regalabas todo,
a todos, cada instante. Dejabas en nosotros
tesoros que no vimos hasta notar su falta.
Y nos sentimos pobres ahora que te has ido.
Nos falta tu sonrisa, tus abrazos de oso,
tu forma de escucharnos. Sabemos que nos faltas
y nos sentimos pobres entre tanta riqueza:
Nos quedan tus poemas, tus partituras mudas
en el atril del piano, tu prosa reposada.
Nos queda todavía el tacto de tus manos,
el calor que nos diste, la amistad que mimabas
como flor delicada, jardinero de afectos.
del poema "21 de junio", de Jose Antonio Abella, dedicado a Jorge de Ortuzar.
El gordo Jorgito era un todo un personaje.
Se entregaba igual a la risa que al llanto: todo entero, sin reservas.
Era un tipo apasionado que amaba la literatura, la música, la pintura... y cualquier forma de belleza. Era un ser emocionado y emocionante que contagiaba su sensibilidad extrema.
Y, como dice el poema, se regalaba a los amigos con una generosidad sin límite.
Fué poeta y compositor, columnista, crítico, director de coros, profesor de piano y de expresión corporal, vendedor de libros y mil oficios más que exigía la supervivencia.
Hace ya más de treinta y cinco años, fue mi maestro de besos y de abrazos entregados, me enseñó a no temer las caricias y los gestos de amor entre amigos.
No es posible resumir todo lo que aprendí de él, lo que descubrí, lo que crecí con él... lo importante que fué, para mi sí, pero también para tantas y tantas personas que lo conocieron y lo amaron, y fueron amadas por él.
¡Cuantas horas de charla, de guitarras y canciones, de vinos, de ternuras...!
Hubiera cumplido 63 este año, pero hace 15 que se fue, un 21 de junio, ¡el Día de la Música!
Pocas semanas antes, como si lo intuyera, hizo un largo viaje visitando a sus amigos desperdigados por el mapa, y vino a Cádiz a conocer nuestra casa y a repartir abrazos.
Hace un par de noches vino a verme en sueños y nos fundimos en un largo abrazo de oso, como los que él prodigaba. Me desperté con una sonrisa que llenaba mi cara, consciente del privilegio de haber conocido al gordo y a otros amigos queridos que han sido mis maestros en lo mejor que soy.
(Con el recuerdo emocionado a Estela y a las chicas)
martes, 8 de mayo de 2012
Rompiendo la invisibilidad y el silencio
Publicado por
Fernando de la Riva
Ya he contado aquí alguna vez que tengo un grupo de amiguetes de los llamados "personas sin hogar", hombres -como la mayoría de quienes están en esa situación- que llevan en su equipaje vital la dura experiencia de vivir o haber vivido en la calle.
Las suyas raramente son románticas historias de vagabundos.
Su historia es, frecuentemente, de alcohol, drogas, cárceles... y, sobre todo, de rechazo, de pérdidas, de soledad.
Casi todos han vivido -con mucho dolor- la experiencia de perder a sus parejas, a sus hijos, sus familias, sus amigos, sus relaciones sociales.
Compartimos en ese grupo un proyecto común: hacer un blog que sirva, a ellos, para romper el silencio, para expresar sus sentimientos y vivencias, para contar su verdad. Y, a quienes no hemos vivido nunca en la calle, nos sirva para entender lo que sienten esas personas sin hogar con las que nos cruzamos y a las que, a menudo, hurtamos la mirada -haciéndoles invisibles- o les dedicamos una mirada de asco, de desprecio, o de compasión paternalista, desde la altura y la suficiencia de nuestra falsa superioridad.
No es una tarea fácil hacer colectivamente ese blog.
Está, en primer lugar, la cuestión difícil de decidir de qué queremos escribir, qué experiencias, qué emociones, qué pensamientos... queremos compartir.
Luego, está la tarea de ordenar las ideas, que si no es fácil para cualquier persona, es más difícil todavía para quienes han castigado duramente sus neuronas y se han asomado a menudo al precipicio de la depresión, la desesperación, la locura...
La cabeza da vueltas y las ideas se cruzan y confunden.
Y, para rematar la faena, queda la misión imposible de escribir, de traducir en palabras, en frases con sentido, aquellas ideas que hemos conseguido rescatar del tiovivo de nuestra mente.
No tenemos práctica de pensar, y mucho menos de escribir lo que pensamos. Y, además, estos hombres, en su mayoría, tampoco frecuentaron la escuela.
Por si todo eso no fuera suficiente, están las "tecnologias de los guevos", que se suman a la carrera de obstáculos.
Y todo eso, mientras trabajamos en equipo, y aprendemos a escuchar -y respetar y valorar- las voces de los otros y aprendemos a apoyarnos mutuamente (el que escribe con mayor facilidad, el que se maneja con las tecnologías, el que saca fotos...).
No se cuanto durará nuestro proyecto, ni cual será la huella que dejará en estos hombres, en qué medida les ayudará a reconstruir los vínculos con esta sociedad que les echó a la calle un día.
Si se lo que significa para mi, cuanto aprendo de ellos cada tarde que compartimos, todo lo que me regalan sus voces generosas.
Quiero invitaros a que conozcáis ese blog, y, sobre todo, a que dejéis allí vuestros comentarios. Son muy importantes para esos amigos: son la prueba de que alguien les escucha y da valor a sus historias, a sus personas, desvelando la invisibilidad que les rodea.
Las suyas raramente son románticas historias de vagabundos.
Su historia es, frecuentemente, de alcohol, drogas, cárceles... y, sobre todo, de rechazo, de pérdidas, de soledad.
Casi todos han vivido -con mucho dolor- la experiencia de perder a sus parejas, a sus hijos, sus familias, sus amigos, sus relaciones sociales.
Compartimos en ese grupo un proyecto común: hacer un blog que sirva, a ellos, para romper el silencio, para expresar sus sentimientos y vivencias, para contar su verdad. Y, a quienes no hemos vivido nunca en la calle, nos sirva para entender lo que sienten esas personas sin hogar con las que nos cruzamos y a las que, a menudo, hurtamos la mirada -haciéndoles invisibles- o les dedicamos una mirada de asco, de desprecio, o de compasión paternalista, desde la altura y la suficiencia de nuestra falsa superioridad.
No es una tarea fácil hacer colectivamente ese blog.
Está, en primer lugar, la cuestión difícil de decidir de qué queremos escribir, qué experiencias, qué emociones, qué pensamientos... queremos compartir.
Luego, está la tarea de ordenar las ideas, que si no es fácil para cualquier persona, es más difícil todavía para quienes han castigado duramente sus neuronas y se han asomado a menudo al precipicio de la depresión, la desesperación, la locura...
La cabeza da vueltas y las ideas se cruzan y confunden.
Y, para rematar la faena, queda la misión imposible de escribir, de traducir en palabras, en frases con sentido, aquellas ideas que hemos conseguido rescatar del tiovivo de nuestra mente.
No tenemos práctica de pensar, y mucho menos de escribir lo que pensamos. Y, además, estos hombres, en su mayoría, tampoco frecuentaron la escuela.
Por si todo eso no fuera suficiente, están las "tecnologias de los guevos", que se suman a la carrera de obstáculos.
Y todo eso, mientras trabajamos en equipo, y aprendemos a escuchar -y respetar y valorar- las voces de los otros y aprendemos a apoyarnos mutuamente (el que escribe con mayor facilidad, el que se maneja con las tecnologías, el que saca fotos...).
No se cuanto durará nuestro proyecto, ni cual será la huella que dejará en estos hombres, en qué medida les ayudará a reconstruir los vínculos con esta sociedad que les echó a la calle un día.
Si se lo que significa para mi, cuanto aprendo de ellos cada tarde que compartimos, todo lo que me regalan sus voces generosas.
Quiero invitaros a que conozcáis ese blog, y, sobre todo, a que dejéis allí vuestros comentarios. Son muy importantes para esos amigos: son la prueba de que alguien les escucha y da valor a sus historias, a sus personas, desvelando la invisibilidad que les rodea.
viernes, 27 de abril de 2012
En cada esquina un amigo...
Publicado por
Fernando de la Riva
El tío Paco coleaba todavía, chocheando, y aunque su dictadura ya no era tan dura como años atrás, seguía cubriendo el país de tristeza, oscuridad y silencio.
Estaba claro que, si no ocurría un milagro, aquél anciano sanguinario moriría de viejo. Parecía que la pesadilla no iba a acabar nunca.
En la universidad hacíamos encierros y asambleas interminables, y salíamos a la calle, corriendo delante de los caballos de los grises.
En los barrios, las asociaciones vecinales y las escuelas populares de adultos nos servían para cuestionar la realidad, para aprender a leer y escribir el mundo que soñábamos.
La lucha política consistía en un montón de reuniones clandestinas y en hacer panfletos y carteles -con aquellas terribles imprentas "vietnamitas"- para llenar los buzones y las paredes de gritos de libertad.
Unos meses antes, los militares fascistas de Chile habían acabado con el sueño de Salvador Allende y habían dado un mazazo a nuestros propios sueños.
Por todo eso, cuando amaneció aquel 25 de Abril y escuchamos en la radio que los militares portugueses se habían levantado contra el regimen salazarista reclamando democracia y libertad, no podíamos creerlo.
¡Los militares... que siempre habían sido sinónimo de opresión!
Aquella Revolución de los Claveles no era todavía la nuestra, pero... ¡estaba tan cerca!
Los meses siguientes fueron de peregrinación general. Nuestro destino no era Fátima pero estaba muy próximo y, en caso de necesidad, servía de pretexto en la frontera.
Viajábamos a Portugal para ver y escuchar, para sentir en nuestra propia piel aquello que estaba ocurriendo allí. No queríamos perdérnoslo.
Asistíamos -con los ojos abiertos como platos- a las asambleas, que se multiplicaban en universidades, centros de trabajo, barriadas... y participábamos en todas las manifestaciones. Era fácil adivinar quienes veníamos de España porque, en un gesto reflejo, ocultábamos nuestros rostros de las cámaras de la prensa y la televisión.
También acudíamos a los cines, a ver las películas prohibidas en españa, Zeta, Estado de Sitio, El Gran Dictador, El Ultimo Tango en Paris... y comprábamos libros y discos prohibidos de Elisa Serna, Paco Ibañez, Quilapayún (nos sabíamos de memoria la Cantata de Santa María de Iquique)...
Y discutíamos apasionadamente todo lo que vivíamos en aquellos días, sintiéndonos libres y capaces de cambiar el mundo.
Por todo eso, todavía me emociono cada vez que escucho aquella canción mítica, Grandola Vila Morena, que se convirtió -con los claveles en la boca de los fusiles- en símbolo de aquella revolución hermosa.
Y siento que hoy, más que nunca, vuelve a ser necesario repetirnos que otro mundo es posible, alimentar nuestros sueños, unir nuestras manos y nuestras fuerzas, afirmar la necesidad y la vigencia de la revolución frente a quienes, hoy como ayer, imponen a la mayoría el dolor y la tristeza.
Estaba claro que, si no ocurría un milagro, aquél anciano sanguinario moriría de viejo. Parecía que la pesadilla no iba a acabar nunca.
En la universidad hacíamos encierros y asambleas interminables, y salíamos a la calle, corriendo delante de los caballos de los grises.
En los barrios, las asociaciones vecinales y las escuelas populares de adultos nos servían para cuestionar la realidad, para aprender a leer y escribir el mundo que soñábamos.
La lucha política consistía en un montón de reuniones clandestinas y en hacer panfletos y carteles -con aquellas terribles imprentas "vietnamitas"- para llenar los buzones y las paredes de gritos de libertad.
Unos meses antes, los militares fascistas de Chile habían acabado con el sueño de Salvador Allende y habían dado un mazazo a nuestros propios sueños.
Por todo eso, cuando amaneció aquel 25 de Abril y escuchamos en la radio que los militares portugueses se habían levantado contra el regimen salazarista reclamando democracia y libertad, no podíamos creerlo.
¡Los militares... que siempre habían sido sinónimo de opresión!
Aquella Revolución de los Claveles no era todavía la nuestra, pero... ¡estaba tan cerca!
Los meses siguientes fueron de peregrinación general. Nuestro destino no era Fátima pero estaba muy próximo y, en caso de necesidad, servía de pretexto en la frontera.
Viajábamos a Portugal para ver y escuchar, para sentir en nuestra propia piel aquello que estaba ocurriendo allí. No queríamos perdérnoslo.
Asistíamos -con los ojos abiertos como platos- a las asambleas, que se multiplicaban en universidades, centros de trabajo, barriadas... y participábamos en todas las manifestaciones. Era fácil adivinar quienes veníamos de España porque, en un gesto reflejo, ocultábamos nuestros rostros de las cámaras de la prensa y la televisión.
También acudíamos a los cines, a ver las películas prohibidas en españa, Zeta, Estado de Sitio, El Gran Dictador, El Ultimo Tango en Paris... y comprábamos libros y discos prohibidos de Elisa Serna, Paco Ibañez, Quilapayún (nos sabíamos de memoria la Cantata de Santa María de Iquique)...
Y discutíamos apasionadamente todo lo que vivíamos en aquellos días, sintiéndonos libres y capaces de cambiar el mundo.
Por todo eso, todavía me emociono cada vez que escucho aquella canción mítica, Grandola Vila Morena, que se convirtió -con los claveles en la boca de los fusiles- en símbolo de aquella revolución hermosa.
Y siento que hoy, más que nunca, vuelve a ser necesario repetirnos que otro mundo es posible, alimentar nuestros sueños, unir nuestras manos y nuestras fuerzas, afirmar la necesidad y la vigencia de la revolución frente a quienes, hoy como ayer, imponen a la mayoría el dolor y la tristeza.
Esta nota va dedicada especialmente a los jóvenes y las jóvenes que compartimos sueños y luchas en aquél jóven barrio de Aluche
viernes, 20 de abril de 2012
Caca en el coco
Publicado por
Fernando de la Riva
Estos son tiempos de hegemonía del que José Saramago llamaba "pensamiento cero", o de la que Eduardo Galeano llama "ideología de la impotencia".
Nos han convencido de que "no se puede hacer nada" por cambiar las cosas, tan solo resignarse y aguantar el chaparrón.
Esta estrategia responde a la "doctrina del shock", que consiste, como apunta el título de esta entrada, en meternos caca en el coco y miedo en el cuerpo, mucho miedo (miedo a perder el trabajo, miedo a no encontrarlo, miedo a la pobreza, miedo al caos...) para poder recortarnos derechos sociales y libertades públicas en la mayor impunidad.
La técnica para llevar a cabo este expolio social consiste en repetir en todos los medios de comunicación, todos los días, a todas horas, que estamos en una situación de emergencia, al borde de la intervención o el desastre, que "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades" y ahora tocan ajustes y recortes (que llaman, eufemísticamente, "reformas"), que "esto es lo que hay", que "no hay alternativa", que quien se resiste es antipatriota o antisistema...
Pero es una gran mentira que no por repetida llega a ser cierta, aunque la proclamen a coro todos los portavoces políticos, todos los representantes empresariales, todos los jerifaltes bancarios.
La verdad es que, cada día que pasa, los ricos son más ricos y los pobres son más pobres. La llamada crisis no es una catástrofe natural, es una estafa con la que están ganando muchísimo dinero determinadas personas y corporaciones concretas.
La verdad es que la crisis está sirviendo de coartada para olvidar el calentamiento global, para no hacer nada por resolver la gravísima situación medioambiental que sufrimos, para seguir envenenando el planeta.
La verdad es que en el mundo existen medios más que suficientes para acabar con el hambre y la pobreza, para garantizar a todos los seres humanos una vida digna.
Pero eso significaría otro reparto de la riqueza y... ¡eso si que no! La propiedad privada es sagrada.
Para demostrar que hay otras formas de ver y hacer las cosas, estos días pasados volvían a aparecer en las redes sociales los cinco principios y el valor esencial de una nueva economía que propone el economista Manfred Max Neef, quien desde hace muchos años viene defendiendo el llamado "desarrollo a escala humana", estos son:
- "Primero: la economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía.
- Segundo: el desarrollo es para las personas, no para las cosas.
- Tercero: crecimiento no es lo mismo que desarrollo y el desarrollo no necesariamente requiere de crecimiento.
- Cuarto: no hay economía que sea posible en la ausencia de servicios de ecosistema.
- Quinto: la economía es un subsistema de un sistema mayor y finito: la biosfera. Por ende, el crecimiento permanente es imposible.
- Y el valor esencial para sostener una nueva economía debería ser que ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar por encima de la reverencia de la vida".
viernes, 13 de abril de 2012
Celebrando cuatro años
Publicado por
Fernando de la Riva
Mi amigo Antonio me llamó el Domingo de Resurrección para felicitarme por mis cuatro años.
Es su manera amable de recordar el "infartito" que, tal día como aquél, me golpeó en 2008.
Ese fué un año para olvidar, no solo por el infarto y la complicada rotura del brazo de Nené, que hubo de acabar en operación.
Es que entonces perdimos a mucha gente querida.
A mi madre, a la que sigo recordando cada día. A mi hermano Carlos Nuñez (del que rescato esa foto -los dos tan jóvenes- en 1990 en Chile) con cuyos malos chistes mexicanos ("-Ay! mi general, no tiene usted pelos en la lengua. -Por que usted no quiere, Lupita, porque usted no quiere.") sigo riéndome. A mis amigos Antonio, Trini e Inma. A mi perrito Max.
Pero no todo fué malo, también ese año decidí iniciar estas "Memorias del Futuro Imperfecto". Era una manera de conjurar los malos rollos, tristezas y depresiones, que suelen acompañar a los infartos, obligándome a expresar emociones, sentimientos e ideas, lo que me pasaba por dentro.
Y era una forma de hacerlo cuidando el lenguaje, la palabra, la escritura... si no con pretensiones "literarias", si con ambición comunicativa, de compartir, de conectar con otros corazones, otros sentimientos, otras voces.
Pero no podía imaginar entonces que también el blog llegaría a cumplir cuatro años, que alcanzaría las 224 entradas, los 626 comentarios, más de 30.000 visitantes y cerca de 50.000 páginas vistas. Nunca hubiera soñado que 75 personas se suscribieran al blog para recibir regularmente sus nuevas entradas.
Me siento profundamente agradecido a todas esas personas que han pasado por aquí, a muchas de las cuales ni siquiera conozco.
En este tiempo he aprendido muchas cosas, el blog me ha ayudado a pensar, a escuchar, a decir... y he podido compartir y dialogar con muchos amigos y amigas que se han acercado generosamente a este espacio virtual para escucharme y charlar conmigo.
Dicen -lo vengo oyendo desde aquél mismo año- que los blogs están muertos, que las redes sociales han acabado con ellos.
No lo sé, pero en mi caso personal, pensando en todo lo que me ha aportado y me sigue aportando este cuaderno virtual, diría aquello que se le atribuye -al parecer, equivocadamente- a Don Juan Tenorio: "los muertos que vos matáis, gozan de buena salud".
Es su manera amable de recordar el "infartito" que, tal día como aquél, me golpeó en 2008.
Ese fué un año para olvidar, no solo por el infarto y la complicada rotura del brazo de Nené, que hubo de acabar en operación.
Es que entonces perdimos a mucha gente querida.
A mi madre, a la que sigo recordando cada día. A mi hermano Carlos Nuñez (del que rescato esa foto -los dos tan jóvenes- en 1990 en Chile) con cuyos malos chistes mexicanos ("-Ay! mi general, no tiene usted pelos en la lengua. -Por que usted no quiere, Lupita, porque usted no quiere.") sigo riéndome. A mis amigos Antonio, Trini e Inma. A mi perrito Max.
Pero no todo fué malo, también ese año decidí iniciar estas "Memorias del Futuro Imperfecto". Era una manera de conjurar los malos rollos, tristezas y depresiones, que suelen acompañar a los infartos, obligándome a expresar emociones, sentimientos e ideas, lo que me pasaba por dentro.
Y era una forma de hacerlo cuidando el lenguaje, la palabra, la escritura... si no con pretensiones "literarias", si con ambición comunicativa, de compartir, de conectar con otros corazones, otros sentimientos, otras voces.
Pero no podía imaginar entonces que también el blog llegaría a cumplir cuatro años, que alcanzaría las 224 entradas, los 626 comentarios, más de 30.000 visitantes y cerca de 50.000 páginas vistas. Nunca hubiera soñado que 75 personas se suscribieran al blog para recibir regularmente sus nuevas entradas.
Me siento profundamente agradecido a todas esas personas que han pasado por aquí, a muchas de las cuales ni siquiera conozco.
En este tiempo he aprendido muchas cosas, el blog me ha ayudado a pensar, a escuchar, a decir... y he podido compartir y dialogar con muchos amigos y amigas que se han acercado generosamente a este espacio virtual para escucharme y charlar conmigo.
Dicen -lo vengo oyendo desde aquél mismo año- que los blogs están muertos, que las redes sociales han acabado con ellos.
No lo sé, pero en mi caso personal, pensando en todo lo que me ha aportado y me sigue aportando este cuaderno virtual, diría aquello que se le atribuye -al parecer, equivocadamente- a Don Juan Tenorio: "los muertos que vos matáis, gozan de buena salud".
miércoles, 4 de abril de 2012
Una cosa muy seria
Publicado por
Fernando de la Riva
Cuando yo era chico y este país era "como dios manda" -que diría Mariano- la Semana Santa era una cosa muy seria.
Para empezar, el Miércoles de Ceniza nos hacían una cruz -de cenizas, claro- en la frente mientras nos recordaban -por supuesto en latín- aquello tan alegre de "polvo eres y en polvo te convertirás".
Y nos pasábamos la Cuaresma -cuarenta días- entre abstinencias y ejercicios espirituales, preparándonos para la ocasión.
El Domingo de Ramos estrenábamos ropa nueva y nos compraban una larga palma, que quedaba colgada del balcón el resto del año.
Luego, durante la semana, asistíamos devotamente a los "oficios religiosos", distintos cada día.
El jueves santo se cubrían con paños y velos todas las imágenes, y visitábamos los altares de flores y velas que se levantaban en cada iglesia. Para cumplir la tradición, era preciso recorrer siete de aquellos "monumentos".
La radio solo emitía música sacra, junto a los sermones de los más encendidos oradores del clero. Y, más tarde, en la televisión, solo veíamos peliculas religiosas, todos los años las mismas: Quo Vadis, La Túnica Sagrada, Rey de Reyes... que casi nos sabíamos de memoria.
El viernes santo, a la abstinencia de comer carne se sumaba el ayuno, lo que significaba que solo se hacía una comida fuerte al día. Y ese día no se podía cantar y estaba mal visto reirse.
Las procesiones estaban concurridísimas, con muchas señoras de peineta y mantilla y muchos penitentes con los pies descalzos. Y nos compraban un largo cirio protegido por un cucurucho de papel, para que no se cayera la cera al suelo. Y cantábamos aquello de "Perdona a tu pueblo, Señor, no estes eternamente enojado...".
En fin, ya digo, la Semana Santa era una cosa muy seria (y hasta un poco lúgubre), no como ahora.
Está claro que todo aquello no sirvió para fortalecer la espiritualidad ciudadana. A la vista está, al cabo del tiempo, la abundante cosecha de agnósticos y ateos que trajo aquella manera oscura de entender y practicar la religión. Como decía el chiste aquél: "en esto de la religión, se ha perdido casi toda la afición."
Una gran parte de quienes hoy acuden y participan en las procesiones lo hacen por tradición social, por cuestiones de identidad cultural -de "afición"- que no por motivos de devoción, como lo prueba el hecho de que el resto del tiempo pueden "pasar" de cualquier práctica religiosa.
Se forma parte de una cofradía como se "es" del equipo de fútbol local o del club de fans de David Bisbal.
La Semana Santa se ha transformado en un espectáculo de masas, en una "fiesta de interés turístico internacional", en parte del folklore local, en un largo puente vacacional que aprovechamos para visitar esos "parques temáticos de la religión" en que se convierten nuestras ciudades, especialmente en este Sur pagano.
Lo que más preocupa en estas fechas es la "Operación Salida", las previsiones meteorológicas y los índices de ocupación hotelera.
El texto principal es el cachondeo y la fiesta, aunque el pretexto sea la religión.
Para empezar, el Miércoles de Ceniza nos hacían una cruz -de cenizas, claro- en la frente mientras nos recordaban -por supuesto en latín- aquello tan alegre de "polvo eres y en polvo te convertirás".
Y nos pasábamos la Cuaresma -cuarenta días- entre abstinencias y ejercicios espirituales, preparándonos para la ocasión.
El Domingo de Ramos estrenábamos ropa nueva y nos compraban una larga palma, que quedaba colgada del balcón el resto del año.
Luego, durante la semana, asistíamos devotamente a los "oficios religiosos", distintos cada día.
El jueves santo se cubrían con paños y velos todas las imágenes, y visitábamos los altares de flores y velas que se levantaban en cada iglesia. Para cumplir la tradición, era preciso recorrer siete de aquellos "monumentos".
La radio solo emitía música sacra, junto a los sermones de los más encendidos oradores del clero. Y, más tarde, en la televisión, solo veíamos peliculas religiosas, todos los años las mismas: Quo Vadis, La Túnica Sagrada, Rey de Reyes... que casi nos sabíamos de memoria.
El viernes santo, a la abstinencia de comer carne se sumaba el ayuno, lo que significaba que solo se hacía una comida fuerte al día. Y ese día no se podía cantar y estaba mal visto reirse.
Las procesiones estaban concurridísimas, con muchas señoras de peineta y mantilla y muchos penitentes con los pies descalzos. Y nos compraban un largo cirio protegido por un cucurucho de papel, para que no se cayera la cera al suelo. Y cantábamos aquello de "Perdona a tu pueblo, Señor, no estes eternamente enojado...".
En fin, ya digo, la Semana Santa era una cosa muy seria (y hasta un poco lúgubre), no como ahora.
Está claro que todo aquello no sirvió para fortalecer la espiritualidad ciudadana. A la vista está, al cabo del tiempo, la abundante cosecha de agnósticos y ateos que trajo aquella manera oscura de entender y practicar la religión. Como decía el chiste aquél: "en esto de la religión, se ha perdido casi toda la afición."
Una gran parte de quienes hoy acuden y participan en las procesiones lo hacen por tradición social, por cuestiones de identidad cultural -de "afición"- que no por motivos de devoción, como lo prueba el hecho de que el resto del tiempo pueden "pasar" de cualquier práctica religiosa.
Se forma parte de una cofradía como se "es" del equipo de fútbol local o del club de fans de David Bisbal.
La Semana Santa se ha transformado en un espectáculo de masas, en una "fiesta de interés turístico internacional", en parte del folklore local, en un largo puente vacacional que aprovechamos para visitar esos "parques temáticos de la religión" en que se convierten nuestras ciudades, especialmente en este Sur pagano.
Lo que más preocupa en estas fechas es la "Operación Salida", las previsiones meteorológicas y los índices de ocupación hotelera.
El texto principal es el cachondeo y la fiesta, aunque el pretexto sea la religión.
sábado, 31 de marzo de 2012
Mensajes post-electorales en una botella virtual
Publicado por
Fernando de la Riva
Los resultados de las elecciones andaluzas han sido una sorpresa.
No se ha cumplido ninguna de las previsiones de los sondeos.
En la noche electoral, las caras de unos, pese a felicitarse por la victoria, parecían de duelo. Las de otros, que se imaginaban ya apeados de los sillones del poder, no podían ocultar la alegría, pese a la derrota.
Pero, tras la sorpresa, y aprovechando la perplejidad general, me atrevo a meter en esta botella virtual algunos mensajes, a ver si -por casualidad- llegaran a su destino.
A los señores y señoras del PP, dos recomendaciones. La primera es que -despues de cuatro fracasos- cambien de candidato. El señor Arenas nunca podrá representar el futuro. Ha habido mucha gente que se lo ha imaginado de presidente y esa posibilidad les ha convencido de no votarlo (o votar a la contra). Pero, sobre todo, y ahi va lo más importante, olvidense de ganar ninguna elección en Andalucía mientras los miembros de su partido y de la ultraderecha respondan a cada una de sus derrotas en las urnas con insultos a los andaluces y andaluzas. Tienen ustedes muy mal perder y se les ve el plumero. Se les nota de lejos la prepotencia, los prejuicios, la ignorancia, el desprecio por Andalucía.
A los señores y señoras del PSOE, otra recomendación. Conviene que cuenten sus votos y sus escaños: han perdido ustedes muchos. Comprendo que, como pensaban que la cosa iba a ser mucho peor, se les vea cara de alivio. Pero no se confundan: lo suyo es para preocuparse. O cambian ustedes, sus políticas y su forma de gobernar, o el futuro que les espera será negro. Les faltan a ustedes valores, ideas, transparencia, escucha activa, participación y democracia interna... Les sobran inercias, rutinas, nomenklaturas y aparatos, componendas, corruptelas... Los electores les han dado una nueva oportunidad, casi seguro que es la última.
A los señores y señoras de IU, vaya por delante la enhorabuena: doblar el número de diputados electos no es poca cosa. Pero tampoco deben equivocarse: muchos de los nuevos votos que han recibido son "prestados", son de gentes descontentas con el PSOE que, con cierta facilidad, pueden devolvérselos o prestárselos a otros, o quedarse en sus casas... si ustedes defraudan su confianza. También ustedes tienen mucho que cambiar. En su ambición de poder y sus disputas internas, en sus tics autoritarios, se parecen demasiado a quienes ustedes critican.
A los otros partidos progresistas un consejo: las actuales reglas de juego electoral hacen muy difícil que un pequeño partido pueda conseguir representación, más allá de lo testimonial. Es injusto, ciertamente, pero mientras no cambien esas reglas, tal vez su esfuerzo deba dedicarse a sumarse a otros pequeños partidos, a formar coaliciones, a condicionar los programas de los partidos más grandes. Si ustedes no suman, restan. Y eso solo genera frustración, a ustedes en primer lugar y al conjunto del electorado progresista también.
Un mensaje de respeto, por último, para los y las abstencionistas conscientes (y aclaro lo de "conscientes" porque alguien ha querido meter en un mismo saco a todos y todas los abstencionistas, y eso no vale: desgraciadamente, hay un alto porcentaje de gente que no vota porque "se la suda la política", pasan de todo).Prefiero cien veces a quien no vota pero lucha todos los días, que a quien vota cada cuatro años y no vuelve a mover un dedo el resto del tiempo. No me producen respeto alguno quienes no votan y no hacen nada, solo quejarse. Y me pregunto si no es posible luchar todos los días y utilizar también el voto como otra forma más de lucha política.
No se ha cumplido ninguna de las previsiones de los sondeos.
En la noche electoral, las caras de unos, pese a felicitarse por la victoria, parecían de duelo. Las de otros, que se imaginaban ya apeados de los sillones del poder, no podían ocultar la alegría, pese a la derrota.
Pero, tras la sorpresa, y aprovechando la perplejidad general, me atrevo a meter en esta botella virtual algunos mensajes, a ver si -por casualidad- llegaran a su destino.
A los señores y señoras del PP, dos recomendaciones. La primera es que -despues de cuatro fracasos- cambien de candidato. El señor Arenas nunca podrá representar el futuro. Ha habido mucha gente que se lo ha imaginado de presidente y esa posibilidad les ha convencido de no votarlo (o votar a la contra). Pero, sobre todo, y ahi va lo más importante, olvidense de ganar ninguna elección en Andalucía mientras los miembros de su partido y de la ultraderecha respondan a cada una de sus derrotas en las urnas con insultos a los andaluces y andaluzas. Tienen ustedes muy mal perder y se les ve el plumero. Se les nota de lejos la prepotencia, los prejuicios, la ignorancia, el desprecio por Andalucía.
A los señores y señoras del PSOE, otra recomendación. Conviene que cuenten sus votos y sus escaños: han perdido ustedes muchos. Comprendo que, como pensaban que la cosa iba a ser mucho peor, se les vea cara de alivio. Pero no se confundan: lo suyo es para preocuparse. O cambian ustedes, sus políticas y su forma de gobernar, o el futuro que les espera será negro. Les faltan a ustedes valores, ideas, transparencia, escucha activa, participación y democracia interna... Les sobran inercias, rutinas, nomenklaturas y aparatos, componendas, corruptelas... Los electores les han dado una nueva oportunidad, casi seguro que es la última.
A los señores y señoras de IU, vaya por delante la enhorabuena: doblar el número de diputados electos no es poca cosa. Pero tampoco deben equivocarse: muchos de los nuevos votos que han recibido son "prestados", son de gentes descontentas con el PSOE que, con cierta facilidad, pueden devolvérselos o prestárselos a otros, o quedarse en sus casas... si ustedes defraudan su confianza. También ustedes tienen mucho que cambiar. En su ambición de poder y sus disputas internas, en sus tics autoritarios, se parecen demasiado a quienes ustedes critican.
A los otros partidos progresistas un consejo: las actuales reglas de juego electoral hacen muy difícil que un pequeño partido pueda conseguir representación, más allá de lo testimonial. Es injusto, ciertamente, pero mientras no cambien esas reglas, tal vez su esfuerzo deba dedicarse a sumarse a otros pequeños partidos, a formar coaliciones, a condicionar los programas de los partidos más grandes. Si ustedes no suman, restan. Y eso solo genera frustración, a ustedes en primer lugar y al conjunto del electorado progresista también.
Un mensaje de respeto, por último, para los y las abstencionistas conscientes (y aclaro lo de "conscientes" porque alguien ha querido meter en un mismo saco a todos y todas los abstencionistas, y eso no vale: desgraciadamente, hay un alto porcentaje de gente que no vota porque "se la suda la política", pasan de todo).Prefiero cien veces a quien no vota pero lucha todos los días, que a quien vota cada cuatro años y no vuelve a mover un dedo el resto del tiempo. No me producen respeto alguno quienes no votan y no hacen nada, solo quejarse. Y me pregunto si no es posible luchar todos los días y utilizar también el voto como otra forma más de lucha política.
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